sábado, 12 de dezembro de 2009


Juan Almendares
Héroes y heroínas


Galel Cárdenas
El dilema de Zelaya


Gustavo Zelaya Herrera
La retorica de Obama


Oscar Amaya Armijo
Las amenazas de Hillary


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Héroes y heroínas
del pueblo hondureño


Por Juan Almendares

Gracias Oscar Amaya Armijo por recordarnos a Jorge Sierra; baluarte en la defensa de los derechos humanos en Honduras y Centroamérica. Construir y hacer memoria de la historia es también mirar hacia el futuro y luchar por la liberación y dignidad de nuestros pueblos Sin embargo los partidarios de los golpes militares y de la ideología neoliberal plantean siempre borrón y cuenta nueva; hacen caso omiso de la historia; proclaman a los defensores de la acumulación histórica del capital como los verdaderos héroes cuando en realidad son autores intelectuales y materiales de la violación de los derechos humanos.

El primer golpe militar el 28 de junio del 2009 y el segundo golpe militar (fraude electoral del 29 de noviembre 2009) es el momento histórico que pone al desnudo quienes son los que violan los derechos humanos, individuales, económico-sociales, colectivos y ambientales; practican la tortura, los crímenes de lesa humanidad y defienden los procesos electorales fraudulentos en nombre de la democracia.

Son partidarios del saqueo de nuestros bosques, suelos y agua por multinacionales de la madera, minería, maquilas y agroindustria que han apoyado en forma financiera y mediática la ruptura violenta del alma generosa del pueblo hondureño

Para limpiar la conciencia de sus actos; se otorgan medallas y premios. Titulan las avenidas y calles con sus nombres. Los jerarcas de las iglesias bendicen las armas e invitan al orejismo. Adulan a los ideólogos que están al servicio de la opresión de los pueblos de América Latina y consideran como héroes a los responsables de la brutalidad policial y militar contra el pueblo hondureño.

La perversidad llega a tal grado de utilizar como instrumento para el logro de sus propósitos a comunicadores sociales, periodistas, oradores perfumados que se dedican a negar las violaciones de los derechos humanos y a considerar el golpe militar como el garante de la vida, y la democracia por eso han quedado inscritas en la historia de la infamia las frases ¡Dios es Honduras. ¡Dios bendiga Honduras! Dios bendiga la Democracia! ¡Viva la patria! porque son expresiones vacías del contenido de verdad, amor y justicia.

Hoy nuestro pueblo dirigido por la Resistencia Nacional contra el Golpe Militar marcha por las calles y celebra en las comunidades la lucha heroica de nuestros mártires, los verdaderos héroes. En cada acto generoso y solidario está presente el espíritu de Jorge Sierra, las y los desaparecidos, los héroes y mártires de la resistencia, porque ellos y ellas han sido víctimas y también defensores de los derechos ambientales, humanos y planetarios.

Tegucigalpa 10 de diciembre 2009


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HONDURAS: ENTRE LA DIGNIDAD Y LA VERGÜENZA

SALIR O NO SALIR
DEL
PRESIDENTE ZELAYA:
ESA ES LA CUESTIÓN


Por Galel Cárdenas

Al parecer, el gobierno de facto, que siempre se encuentra entre la espada y la pared, es decir entre lo que piensa y desea la comunidad internacional y su programa golpista transnacional, repetimos al parecer, esta vez está compelido por un problema que acarrea el nuevo gobierno que se avecina y que de cualquier manera no será al calco una dictadura a troche y moche, si no un gobierno represivo lavado el rostro por unas elecciones espurias.

El nuevo presidente, del derechista Partido Nacional, se ha propuesto romper el cerco democrático que está diseminado por todo el mundo, realizando una gira mediante la cual lograse el reconocimiento al menos de los países que lo han apoyado como son Costa Rica, panamá, Colombia, Perú, a nivel latinoamericano.

Entusiasmado Pepe Lobo se lanzó a realizar el periplo que correspondía y según sus planes en Costa Rica, Panamá y República Dominicana pondría la primera piedra de su edificio gubernativo reconocido al menos por estos países.

Y le sucedió lo que en argot popular se llama ¨carrera de caballo, parón de burro¨, ya que al llegar a Costa Rica, acompañado por los ineficaces candidatos a la presidencia, debidamente derrotados, don Oscar Arias, después de felicitarlo le expresó que tenía un mensaje del Departamento de Estado, padre del golpe militar, en el sentido de que para reconocerlo debería cumplir con el fementido Plan Tegucigalpa- San José, en el que se propone una amnistía, una comisión de la verdad y la restitución del Presidente Zelaya.

Así que al llegar a Panamá, y a lo mejor oír el mismo mensaje, dio media vuelta y se regresó a su Tegucigalpa azul, con las cajas destempladas y el rostro desencajado, siempre acompañado de la carga inútil de los ex candidatos a la presidencia nacional.

Y con su acostumbrada sonrisa artificial y burlesca, expresó lo que le manda el imperio, por lo que inmediatamente se puso al habla con el nuevo interlocutor Presidente de la República Dominicana y con el dictador Micheletti.

Todo iba por buen camino, hasta que el grupo de esos inteligentes asesores, en una cachurecada más de la cual son expertos, al pedir México la autorización para la salida del Presidente Zelaya, le enviaron una propuesta acompañada de una nota mediante la cual renunciaba a su cargo. Cuestión que el Presidente Zelaya rechazó de inmediato.

Los medios golpistas montaron su show publicitario, creyendo que el Presidente desesperado firmaría la renuncia correspondiente. No contaban, claro, con la dignidad y patriotismo del huésped de honor que reside en la Embajada de Brasil

Y el mismo Lobo de la misma loma golpista hasta se dio el lujo de atacar al Presidente, tal como están acostumbrados, dialogar con el garrote en la mano.

El problema de este Lobo gubernativo es que recibe un país en la quiebra casi total, aislado del mundo globalizado -que es como estar enfermo en un hospital aislado por la contaminación que padece el paciente-, sin posibilidades de empréstitos de organismos internacionales de países amigos de Honduras. Bueno, en términos generales es como recibir un cascarón inútil, ya que un gobierno sin financiamiento para proyectos, presupuesto, y demás actividades gubernamentales, no tiene sentido, peor perspectivas de gobernabilidad. Un gobierno así sólo podría sobrevivir si aplica un paquetazo cruel y despiadado contra los bolsillos ciudadanos, devalúa la moneda y se dedica a pedir a la comunidad internacional como un mendigo harapiento sin dignidad ni vergüenza.

Esta presión obliga a Lobo Sosa a cumplir con los requerimientos de la comunidad internacional, y a regañadientes, y con toda la cara dura, deberá implicarse en el diálogo que ya ha convocado el Presidente dominicano Leonel Fernández, para el lunes 14 de diciembre, allá en Santo Domingo.

La salida del Presidente Mel Zelaya es ineludible, y fundamental, aunque la dictadura no quiera otorgar la salida correspondiente, pero, es un dictado del Departamento de Estado. Así que Lobo Sosa, nuevo Presidente del país, tendrá que hilar fino, aunque rumie su negativa interior a hacerlo, y le aconsejen proseguir las artimañas golpistas, intelectuales, asesores y demás parafernálicos personajes de la política vernácula nacional.

Entre tanto, por otra parte, la Resistencia prosigue su organización y la construcción de su oferta política con el objetivo de que las elecciones del año 2014 se convierta en el año de la derrota de la oligarquía nacional.


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OBAMA ¿ES SÓLO RETORICA?

Por Gustavo Zelaya Herrera

No es nada nuevo afirmar que los Estados Unidos desde su formación creyeron ser los enviados divinos para salvar al mundo del terror y la persecución política; llamados a salvarnos a los demás humanos de las prácticas perversas de gobiernos despóticos. Parece que semejante pretensión permanece en los actuales gobernantes. Para llevar a cabo los mandatos de Dios nunca han acudido a la palabra sacra ni a las simples exclamaciones oratorias. Su instrumento principal ha sido y es la guerra, los medios más violentos que la humanidad haya conocido. Bien decía Bolívar que estaban llamados a sembrar de muerte al mundo en nombre de la libertad; o cuando José Martí afirmaba que había vivido en las entrañas del monstruo. Ambos supieron mostrar cabalmente la esencia guerrerista de aquél imperio en formación.

De poder efectuar un inventario de los conflictos bélicos registrados desde 1890 hasta el 2009, vamos a ver que cada dato histórico lo encabeza Estados Unidos, y la suma de muertos acumulada desde entonces puede poner en duda todas las vanidades humanas que nos hace creer que somos por definición seres racionales. Esos datos no son simples números sino que son la prueba de la mayor barbarie llevada a cabo en nombre de la democracia y la civilización occidental. Debe existir información detallada de en cuántas guerras ha participado Estados Unidos y de la cantidad de muertes generadas en esos conflictos.

Por culpa de mi carencia de detalles y de información precisa solamente puedo enunciar algunos de esos momentos violentos que han dejado profunda huella en muchos seres humanos, huella de odio y rencor en algunos, en otros sentimientos serviles hacia el imperio. De los últimos tenemos muchos en nuestro país, especialmente entre los llamados “analistas” y otros escribidores de esa calaña. De todo existe en este mundo. Y si en algo me equivoco, me hago cargo de ello aunque el causante de mis posibles errores es el discurso de Barak Obama al recibir el Premio Nobel de la Paz.

Algunos hechos: en la segunda guerra mundial entre 1939 y 1945, 55 millones de muertos y 3 millones de desaparecidos. De ellos, como muestra de las guerras “justas” y “moralmente justificables” en donde ha participado el imperio norteamericano, el 6 y 9 de agosto de 1945 se efectuaron los dos únicos bombardeos nucleares registrados en la historia sobre Hiroshima y Nagasaki, dos objetivos civiles y con Japón prácticamente derrotado, 140,000 muertos y 80,000 en una y otra ciudad. Después miles siguieron muriendo debido a las lesiones y enfermedades atribuidas a la radiación.

Entre 1950 y 1953 y durante la guerra de Corea, bajo el ropaje de las Naciones Unidas pero con el peso recayendo sobre el aparato militar norteamericano, solamente 3 millones muertos. Poco tiempo después y sin poder negarse a la misión divina, ese pueblo de Dios se involucró en lo que se convertiría en la mayor derrota militar y moral de los nuevos cruzados, la guerra de Viet Nam. De 1965 a 1975 se registran 3.8 millones de muertes y gravísimos daños a los ríos y los bosques vietnamitas, planificados y coordinados con la precisión matemática de Robert McNamara y Henry Kissinger, también Nobel de la Paz y formados a la sombra de grandes transnacionales como Ford Motor y Rockefeller Trust. Sólo en ese heroico país 58 mil muertos norteamericanos, 300 mil heridos, miles de mutilados, adictos a las drogas y cientos desadaptados sociales deambulando por las ciudades norteamericanas. Y la estadística de muerte parece no terminar: Camboya, de 1969 a 1975, 2 millones de muertos; en la primera guerra de Irak con el viejo Bush en el poder, año de 1991, 10 mil muertos; Somalia, mil muertos; Granada, en 1983, 75 muertos, Panamá llamados por el cielo para derrocar a Noriega en 1989, 7 muertos. Como en Honduras después del 28 de junio de 2009 apenas se contabilizan un poco más de 30 muertes, no es tan importante el asunto de acuerdo al criterio autorizado del obispo auxiliar de Tegucigalpa Darwin Andino. Al parecer, para este individuo los conflictos sociales pueden ser calificados en su gravedad con simples criterios contables. Unos muertes más, unos muertes menos. De eso se trata: simples cuentas, simples números en juego.

Entre 1946 y 1975, Estados Unidos utilizaron la fuerza militar en 215 ocasiones. Y esto si tomar en cuenta las intervenciones militares ocurridas entre 1911 y 1973 en China, Nicaragua, Honduras, Guatemala, Sudan, Haití, Irán, Libia, Somalia, Filipinas, Yugoslavia, Rusia, Chile, El Salvador.

Sobre todo hay dos lugares donde las cifras y el dato estadístico desbordan sangre y dolor por todas partes, en donde la magnitud del daño contra las personas es incalculable a pesar de los esfuerzos de los expertos y los cientistas sociales; es lo más inmediato y que demuestra en qué consiste la gracia divina derramada sobre Estados Unidos. Según cálculos de las Naciones Unidas el costo humano de la guerra en Irak, hasta la fecha asciende a 1.5 millones de muertos, 4.5 millones de desaparecidos, 2 millones de viudas, 5 millones de niños huérfanos. En la primera guerra del golfo a Irak se le provocaron 750 mil niños muertos por culpa del embargo impuesto por la OTAN y los gringos a la cabeza; quedaron 340 toneladas de uranio diseminados, los efectos de la radiación pueden durar 4,500 años, aumentó también la mortalidad por cáncer se multiplicó por 11 y se registraron 15 mil civiles muertos. Y todos estos acontecimientos violentos y en extremo sangrientos, ocurridos en la tierra de los profetas, en la tierra santa de las religiones que sirven de pretexto ideológico a los gobiernos norteamericanos. El cinismo de Obama llega a tan altos niveles que no le importa admitir que “En las guerras de hoy, mueren muchos más civiles que soldados… las economías se destruyen; las sociedades civiles se parten en pedazos, se acumulan refugiados y los niños quedan marcados de por vida”. Toda esa palabrería no altera en nada la grave situación de todas las zonas en conflicto en el mundo entero, desde Gaza a Kabul, desde Tegucigalpa a Bogota.

En Afganistán la sangría sigue sin parar y aumenta la cantidad de muertes, de inocentes sacrificados y clasificados como efectos colaterales, puro accidente que abarca familias enteras desarmadas y masacradas. Tal agresión no ha impedido que ese lugar se haya convertido en los últimos cuatro años en el mayor productor mundial de opio y heroína y en un centro de experimentación de equipos militares. Sin embargo, tantas muertes y tanto dolor provocado no hacen mella en la política norteamericana ni en Obama ya que dijo al recibir el Nobel de la Paz: “soy responsable por desplegar a miles de jóvenes, a pelear en un país distante. Algunos matarán. A otros los matarán”. Igual de responsables han sido Kennedy, Johnson, Nixon, Reagan, Clinton y los Bush, y ninguno ha sido condenado por sus crímenes. La continuidad de la guerra en el medio oriente, la presencia diaria de la muerte gracias al aumento de la presencia militar norteamericana ordenada por Obama no es algo que impida que él expresara en su discurso que “habrá ocasiones en las que las naciones… concluirán que el uso de la fuerza no sólo es necesario sino también justificado moralmente”.

Desde 1960 Cuba ha sido sometida a un cruel bloqueo, a una verdadera guerra económica no justificada por ninguna norma del derecho internacional, un daño que sobrepasa los 82 mil millones de dólares, sin considerar en estas cuentas los daños a objetivos económicos y sociales provocados por sabotajes y acciones terroristas organizadas, financiadas y dirigidas desde el territorio norteamericano y por agencias del gobierno norteamericano. Sin importar el color del gobierno de turno, republicano o demócrata, el bloqueo ha continuado y se profundiza en cada administración norteamericana, a pesar del rechazo mundial en todas las asambleas de las Naciones Unidas, hasta llegar a amenazar a otros países y empresas que comercian con Cuba, estableciendo un carácter extraterritorial al bloqueo. Algunos de los ejecutores de esas acciones terroristas contra la isla caribeña, estuvieron en Honduras como “observadores” de las elecciones, agredieron a personas y se convirtieron en verdaderos activistas del golpe de estado. Muchos se ofrecieron y otros fueron contratados por el régimen golpista como asesores y unos cuantos fueron condecorados con altas distinciones nacionales. Para vergüenza absoluta de muchos hondureños.

Ese criminal bloqueo ha perturbado la alimentación, afectando la fuente de proteínas del pueblo cubano y dañando la producción de comestibles; a pesar del desarrollo en el sistema de salud, hay carencias de medicamentos y equipos en toda la red de salud; hay también dificultades en la adquisición de material educativo y de medios de transporte público; todo el sistema económico, social, cultural, etc., sigue negativamente impactado por el bloqueo. Y de parte del gobierno de Obama continúa la retórica y tibios pronunciamientos sobre la reversión del bloqueo.Tal y como ocurrió en tiempos de Bill Clinton. Es decir, sin cambios sustanciales en sus relaciones con Cuba.

Coincidiendo con las celebraciones internacionales acerca de los derechos humanos y la entrega del Premio Nobel de la Paz el presidente norteamericano lo recibió y habló en su nombre y en nombre de la política norteamericana. Dijo que “es un premio que habla de nuestras mayores aspiraciones, que a pesar de toda la crueldad y las adversidades de nuestro mundo… nuestros actos pueden cambiar el rumbo de la historia y llevarla por el camino de la justicia”. Parece, pues, que esta nueva noción de justicia contiene como elemento necesario la muerte y la sangre de miles de personas sacrificadas en los conflictos que Obama está alimentando. Y es tanta la arrogancia imperial que no duda en ningún momento en afirmar que la estrategia de la guerra preventiva es el fundamento de la doctrina militar de su gobierno, bien aprendida y transmitida por anteriores gobernantes, tal es el, ejemplo de Bush y de Reagan, y de Kennedy, de Nixon, en fin, es la esencia de la política norteamericana. Obama lo expresó de esta forma: “Me reservo el derecho de actuar unilateralmente si es necesario para defender a mi país”. Y en tal dirección propone un nuevo nombre para los ejecutores directos de su política guerrerista, ya no los llama soldados, a los que recibe sea envueltos en bolsa plásticas negras o andando en propio pie, dice que “los homenajeamos no como artífices de guerra sino como promotores, como promotores de la paz”. Esa es su paz, la que se edifica sobre millones de muertes y miles de litros de sangre derramada por el mundo entero. Es la paz verdadera de Obama.

No es una retórica elegantemente expresada, al calor de lámparas nórdicas y el fino champán francés, y la vestimenta de Calvin Klein o el smoking impecable frente a las cámaras de la prensa y la nobleza europea. No es como se repite en muchos medios y se escucha en boca de mucha gente. No es cierto la vieja creencia en la doble moral del discurso oficial norteamericano, la dualidad aquí no es más que un artificio retórico para encubrir una política sostenida, cínica, coherente durante el transcurso de los años y que no se altera con los cambios de gobierno. Es la vieja política del gran garrote, de la diplomacia del dólar, del palo y la zanahoria, de los conflictos de baja intensidad, la guerra fría, el poder inteligente, el CAFTA, esos son algunos nombres que muestran cómo la política imperial toma en cuenta los cambios históricos para ponerse a tono con los tiempos. Y que es capaz de obtener premios por promover la paz, hasta de consolarse ante los ojos del mundo diciendo con la mayor hipocresía que “Sí, se han librado guerras terribles y se han cometido atrocidades. Pero no ha habido una tercera guerra mundial.”.

Diciembre de 2009.

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LAS AMENAZAS DE
LA SEÑORA HILLARY


Por Oscar Amaya Armijo

Ahora es que la señora Hillary, vocera, al parecer, del Complejo Militar Industrial de Los Estados Unidos, amenaza veladamente a los connotados líderes de América Latina por su consecuente posición de trasformar estas naciones para beneficio de las grandes mayorías.

También se molesta esta aspirante a dama de hierro, solamente por que estos países deciden mantener relaciones diplomáticas con Irán, país con el que el imperio manifiesta un público y agresivo desagrado.

En el primer punto, la señora Hillary, no tiene ningún derecho de amenazar a los gobernantes de América Latina por lo que ella considera es un problema: el afán transformador que impulsan estos líderes para lograr la prosperidad. Ella entiende por prosperidad –en un egoísmo rayano en lo patológico- solamente aquellas acciones que fortalezcan el modo de vida americano. Poner la prosperidad al servicio de estas naciones empobrecidas, es un acto subversivo que atenta contra el bienestar de los estadunidenses.

Para ella, es inadmisible que se utilicen los marcos de la democracia, que el mismo imperio promueve en el planeta, para realizar cambios paradigmáticos que eleven la calidad de vida o que transformen las obsoletas constituciones que traban el desarrollo humano y material. La democracia para ella no debe ser el poder de los pueblos participando en la construcción de su propio desarrollo, sino el mecanismo exclusivo de las camarillas despóticas y explotadoras, que contribuyen a la supervivencia del imperio.

Ahora sabemos que esta postura cínica de la señora Hillary –consustancial al pragmatismo de los estadunidenses- es congruente con la destrucción del sueño de los hondureños de construir una democracia participativa y enrumbar los pasos hacia la refundación de un país más solidario. Este, al parecer, es el máximo pecado que el imperio no le perdonó a Manuel Zelaya Rosales, y lo defenestró, provocando un recambio a favor de una oligarquía voraz y antipatriótica, empatada con los propósitos de dominación del imperio en la región.

En el segundo punto, la señora Hillary en un velado tono de amenaza, recomienda a los gobernantes latinoamericanos no sostener acercamientos a las políticas diplomáticas y comerciales con Irán, pues este país forma parte de un círculo o triangulo del mal que atenta contra la seguridad del imperio.

Olvida esta señora que los pueblos de América Latina, y con ellos sus gobernantes, viven un proceso de toma de conciencia en el uso de la independencia y soberanía, para establecer relaciones con todos los países del mundo, independientemente del carácter de su régimen político. No tardará el imperio en acusar tambièn a estas naciones de pertenecer a un enorme “circulo del Mal”.

La señora Hillary amenaza por un lado no tener acercamientos con Iràn y, por el otro, introduce subrepticiamente al Mossad israelita con el propósito de socavar las bases de la democracia latinoamericana e inaugurar, de nueva cuenta, procesos represivos que conlleven el exterminio de quienes exigen una mayor participación en la solución de los problemas que afectan a grandes conglomerados de humanos en Latinoamérica.

Si ella no quiere la presencia de Irán en América Latina, entonces ¿por qué el imperio promueve la incursión de bases represivas israelitas en la región?

Finalmente, la señora Hillary debe de estar segura de que no hay poder en la tierra que detenga el proceso de cambios sociales, económicos y políticos, iniciados en el seno de la democracia, sistema político que ahora quieren hacer desaparecer, promoviendo los espurios golpes de Estado, negados por la historia.



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